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sábado, noviembre 29, 2008

Sobreviviendo como un grinch: reloaded

Huele a Navidad.
Escucho cánticos de preposada y villancicos.

Miro a mi alrededor y simplemente me doy cuenta que la invasión de esferas, luces y matices verdecinos/rojizos están por todos lados.

No puedo evitar suspirar con resignación.

Soy un grinch. Y quienes han seguido a detalle este blog, conocen la historia.

No disfruto mucho estas fechas. De hecho, evito los intercambios, la decoración, los falsos buenos deseos. Según es la época donde la paz y el amor se respira en el ambiente, sin embargo también es la época del tráfico insoportable, la histeria colectiva por las baratas nocturnas, donde parece ser los humanos sacan su lado más nefasto. Hace un par de días, entre tanta obra de ciudad Lego, una señora en una camioneta blanca, me aventó lámina para no dejarme pasar. Además de eso tuvo el descaro de voltearme a ver y reirse de mí por no haberme permitido el paso. Acto seguido, continuó pintándose al volante. He de reconocer que me moleste más allá de lo evidente, no sólo por el laminazo, sino también por esa burla innecesaria.

Siempre, en estas fechas, me topo con personas que quizá van y "celebran" con espíritu navideño. Que andan en sus casas y oficinas repartiendo "buenos deseos"; pero que detrás, frente a desconocidos, sacan el lado más ingrato y abominable de sus seres. Esa doble moral decembrina ha sido la causa por la que simplemente tengo que ser extremadamente tolerante con la época, pero que no deja de ser un periodo en el que no disfruto, que por el contrario, ansío termine pronto.

Creo que lo único que garantizo, hasta el momento -aunque aquí todo cambia-, es no robarme otra vez la Navidad.


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miércoles, diciembre 21, 2005

Sobreviviendo como un Grinch

No se trata de que odie la Navidad, en verdad que no, por el contrario, cuando era chavita disfrutaba el quedarme por horas contemplando el árbol que colocaban en mi casa. Simplemente no tolero la hipocresía que impera en la temporada.
Esos perdones falsos, amiguismos y familiarismos forzados, esos abrazos fingidos, esos brindis de "buenos deseos" cuando en el fondo ruegas que le vaya del carajo a ese pariente que poco toleras. Y finalmente, para que en un par de días, todo se convierta en un simple recuerdo y la vibra familiar-amiguera siga tan ríspida e insoportable como había sido hasta el antes de estas fechas decembrinas.
Y para colmo tolera en la cena o reunión del trabajo a ese personaje que alucinas y para colmo te tocó darle regalo en el intercambio, y pidió algo tan complejo de conseguir que hay vas con tu cara de idiota a ver donde diantres lo consguies o mínimo algo equivalente. Señores, es regalar porque les nazca no porque resulta que tienes la obligación de darle a cada uno de tus primos, tíos, sobrinos y cuanto pelao salga de colao, el regalo aquel que tanto desean.
En serio, ya a estas alturas de la vida, lo único que disfruto es son las Nochebuenas, tanto las que están en una maceta como las que se toman. Y ya... parenle de contar.
Hoy adore el comentario de un amigo de la oficina:
Sonríe, ya pronto terminará la Navidad.