sábado, mayo 17, 2008

Cuando tu destino se desliza en mis manos... GRACIAS


Gracias por estos 11 meses de energía inquebrantable, ternura incondicional y sinceridad absoluta.
Gracias por esos desvelos a las tres de la mañana en los que los juegos eran tu principal afición.
Gracias por robarme una sonrisa con un par de ojitos escarlata, aun cuando el estrés fuera de lo más agobiante.
Gracias por estar en esos momentos tan difíciles, en los que lograbas brindar esperanza. Y donde lograste cooperar con un milagro.
Gracias porque además del brillo tan peculiar de tu pelo, tenías un brillo propio muy especial
Gracias porque sin importar mi hora de llegada, siempre una naricita inquieta me recibía desde cualquier rincón donde estuvieras dormida.
Gracias por demostrar que aún las cosas más sencillas, como una simple ruedita, pueden ser el tesoro más grande.
Gracias porque aún siendo tan chiquita demostraste una nobleza que ya quisieran muchos seres humanos.
Gracias porque aún cuando la tristeza o el enojo invadían mis emociones, lograbas ponerme de buen humor con tan sólo ser tú.
Gracias por devorarte cada chícharo, froot loop, oblea, alpiste, mijo, granola, avena, muffin y demás suculencias que eran tu adoración a la hora del desayuno y la cena.
Gracias porque aun cuando la enfermedad carcomía tu semblante, continuaste luchando sin importar los obstáculos.
Gracias por tus ganas de vivir.
Gracias porque hoy, mientras te asomabas desde tu casita de león, entendiste que estaba haciendo lo mejor, aun cuando mi corazón se destrozaba cada vez que me mirabas al acariciarte.
Todos lo que te conocimos sabemos que fuiste algo más que una simple ratoncita...
Gracias.... en verdad gracias....

jueves, mayo 15, 2008

Cuando tu destino se desliza en mis manos... parte 2

Admiro su valor. Su fortaleza. Esa energía con la que ha luchado desde hace varias semanas. Pero su cuerpo está perdiendo la batalla. La metastasis está carcomiendo su frágil cuerpo. Ya no quiere ni siquiera dormir completamente en su casita de león. El tumor ha crecido a un tamaño aún más grande que una canica. Está pálida. Muy pálida. El rosado brillante de su piel se ha convertido en un opaco tono de blanquecino estupor. Sé que es el maldito momento de tomar una decisión. No lo quiero hacer. No lo puedo hacer. Pero tampoco quiero que alguien que me ha compañado durante casi un año con su nobleza incondicional siga sufriendo como sé ya está comenzando a suceder. Lo delatan sus ojitos aun cuando se esconden en instantes de tierno impetu.
El corazón se me hace añicos mientras escribo estas líneas, porque sé que la última palabra está en mis manos. Y en nombre del cariño que tanto afirmo tenerle, tengo que hacer lo que es lo mejor.
Alguien me lo dijo hace un par de semanas. En nombre del amor a veces hay que dejar el egoismo a un lado, y recordar todo lo bueno para que en momentos como éste, el corazón entienda porqué este tipo de acciones tienen que ser lo correcto. Por su felicidad y como un homenaje a todos aquellos instantes que aún guardo en la memoria.
Me cuesta trabajo siquiera imaginar cómo lo voy a hacer, cómo la voy a llevar...
Cuando toda esta pesadilla empezó, recuerdo pedí una señal cuando fuera el momento.
Ya no quiero planear nada. Sólo dejaré fluir el destino.
Que la vida me perdone.
Que el karma me perdone.
Que Ella me perdone....

En la levedad de la madrugada...

Si. Es tarde...
Debería dormir...
Sin embargo, no pude evitar sumergirme en mis pensamientos a través de la deliciosa seducción de los dedos sobre el teclado. Sí, en ocasiones es muy terapéutico, sobre todo cuando necesitas desconectar los sentidos de lo cotidiano.
De hecho todo comenzó desde que salí del área donde se ubica mi oficina. Casi todo era silencio. Un par de compañeros atrapados en su propio trabajo, pero también el dulce canto de los grillos. El aroma de la noche. Me di cuenta que aún con todo lo ácido que puede ser, vivir como workaholic, todavía me deleito con las cosas más simples, más naturales y más auténticas.
Me pude haber quedado escuchando a los grillos. Tenía que venir a casa.
En el trayecto omití la música en esta ocasión. Eramos mi carro, mis reflexiones y una servidora... A mi alrededor alguno que otro kamikaze al volante. Un desfile de luces que danzaban entre el cielo y el suelo.
Una luna que tímidamente comienza a emerger de las sombras para que el próximo 19 de mayo se presente con todo su vigor y poderío en una noche de lleno completo.
En sí, vivir un momento de soledad, reflexión y hasta de melancolía.
A veces hace falta. Sí. Y aparece por una causa. No todo es evidente, pero si es el resultado de algo que se necesita ejecutar.
Creo que sólo me falta un tequila o whisky y un cigarro. Y el fondo musical del soundrack de mi vida. Pero no. Hoy no es esa noche. Es tan sólo una añoranza. Porque al instante me recuerdo que hay que levantarse temprano para el trabajo y esa junta de las 10 que fue agendada de improviso.
Hoy no.
Sin embargo, es interesante reencontrarse con el alma.