viernes, septiembre 05, 2008

Diplomado en tramitología: Intro

He despertado. Casi me resulta difícil tener que levantarme para nuevamente enfrentarme a los especialistas en tramitología. Me hastía la burocracia, más cuando la impotencia domina los sentidos.

A casi 48 horas del primer intento frustrado, todavía no comprendo cómo es posible que una herramienta que debiera facilitarnos el sendero, se convirtió en un arma de destrucción masiva de ilusiones. Porque hoy, hay paz en mi semblante, pero al inicio de este trance, la respiración agitada y el coraje exacerbado boicoteaban cualquier enseñanza espiritual.

Sólo porque necesito hacerlo. Esa es una realidad. Y escribo estas líneas, para incentivar los sentidos. Exorcisar demonios. Vestirme en armadura, pulir el escudo y colocar la espada de la tolerancia en su tahali.

Respiro. Invoco a los espíritus de la templanza. Reviso papeles, fotocopias y aquellos malditos pagos de ambiguo significado. Pensar que esto empezó hace dos días. No quisiera recordarlo. Pero así son las evocaciones...

jueves, septiembre 04, 2008

Veintiocho resurrecciones

La vida fluye,
aunque la esencia misma prevalece por siempre...
Si bien,
en este breve instancia de mi realidad he aprendido mucho
y experimentado al máximo

también agradezco los errores, las lágrimas
y los instantes de yuxtaposición.

Es curioso, porque bajo el extraño esquema de mi personalidad,
el sabor del momento es un maravilloso estado de autenticidad.

El suave placer de un amanecer,
la caricia de la sinceridad,
el éxtasis infinito de la locura constante.
El goce atrapado en una mirada,
el roce de lo que algunos llaman pecado,
pero que para mí es disfrutar las delicias del alma...
Eso es respirar, sentir, vivir... el orgasmo perpetuo en mi existencia.
Hoy, nazco de nuevo, como cada año de hace casi tres décadas...
Veintiocho resurrecciones, que agradezco, porque han valido cada instante de sí.

domingo, agosto 31, 2008

Ilumina mi libertad: Desde la narrativa en una crónica parte 4

Unas señoras al lado mío están muy inquietas. Insisten que el Himno se debe de cantar a las 20:00 horas. Alguien hace la broma de que esto está peor que el News Divine y logra ponerlas todavía más nerviosas. Hay confusión en unos. Otros, a pesar de que ya no hay espacio por mi área, insisten en entrar por ahí. Alguien comienza a quejarse de la logística. Que si hay mucha gente (!!!!), que si alguien tiene que dar indicaciones. Hay quien dice que ya se quiere ir porque tiene miedo. Algunos comienzan a encender su veladoras. Y por instinto hay quienes comienzan a cantar el Himno Nacional a pesar de que apenas son las 8:10 pm. Por ende, al término del mismo, muchos sienten que ya cumplieron con su misión. Mi acompañante ya se quiere ir, porque dice que ya terminó todo. Insisto en que no. Y parece ser que me hace caso hasta que se da cuenta que no hay manera de salir porque la gente de las orillas no se mueve porque el acto en sí, no ha dado inicio.

Quedamos atrapados entre el Zócalo y las jardineras ubicadas entre Madero y 5 de mayo. Hay quien comienza a gritar que esta última esta cerrada con vallas. Que no hay salida. Yo sigo callada. Un poco molesta por haber perdido un buen lugar ante la desesperación de quien está conmigo. En nuestra actual ubicación siento más empujones y poco espacio. De hecho ya no puedo tomar fotos y siento mi experiencia un tanto limitada a mis expectativas.

Las campanadas de Catedral me reaniman. "Mexicanos al grito de guerra...", una estrofa que me revitaliza. La sensación de una unión y una comunión hace cimbrar las fibras del Zócalo Capitalino. La noche ha quedado iluminada con la bandera de la paz. Con las ansias de libertad. Con la necesidad de erradicar la violencia y la impunidad. Cada vela es una luz que clama por justicia. Que grita contra el miedo. En esos 10 minutos que doblaron las campanas todos fuimos México. El blanco fue nuestra prenda en común, pero más lo fue el clamor popular de una solución ante la inseguridad.

Catedral guardó silencio. Comenzamos a caminar hacia la calle de Tacuba rumbo a Bellas Artes. Ahí una larga fila para ingresar al Metro. Seguimos nuestro recorrido. Los ambulantes continuaban su negocio: tazas, llaveros, bandanas, playeras, vasos. La muestra testimonial, según ellos, que garantizaba que uno había estado en el evento. Seguimos nuestro recorrido por Balderas. Nos amparaba un gran número de "blanquitos". Muchos con rostros cansados, cuerpos agotados. Tras cruzar (y retar) a la Ciudadela acompañados de desconocidos de blanco, optamos por subir al metro. Sí, el cansancio comenzaba a hacer estragos. Al bajarnos en Sevilla, los Dioses ya no se quisieron compadecer más de los capitalinos y decidieron iniciar un tremendo aguacero. Buscamos refugio en una tiendita. No fuimos los únicos. Un taxista apareció entre la tormenta y nos llevó hasta nuestro auto. De ahí, a comer algo. Eran pasadas las 10 de la noche. En unos famosos tacos del sur de la ciudad, había una larga lista de espera. Todos vestían de blancos. Muchos con prendas empapadas. Pero ahí estabamos todos, con una sonrisa de satisfacción. Evocando el "México, sí se pudo".

Muchos quizá fueron por la borregada, por salir en las páginas de sociales o nada más para ver, pero en su mayoría, las voces reunidas y cada vela encendida estabamos ahí por la necesidad imperiosa de hacer algo. De ser escuchados. De exigir una solución. De terminar con la apatía. Y entre todos nos cuidábamos, nos ayudábamos, nos protegíamos. Quizá mañana muchos olviden esa comunión y ese conjunto. Pero queda claro que una sociedad puede unirse, puede exigir, puede hacer un petición positiva. Puede tomar las calles para exigir una verdadera respuesta. Mañana quizá el automovilista que se me cierre en un cruce porque se le ha hecho tarde, sea aquel señor que estaba al lado mío.

No importa, porque la vida sigue, pero desde otra perspectiva.

Ilumina mi libertad: Desde la narrativa en una crónica parte 3

Sí. Se me antoja un cigarro. Pero sería un lento suicidio durante el recorrido ante mi falta de condición física. Porque aún falta mucho por andar.

Hay quienes sí, calman sus ansias. Fuman ante mi envidia. Otros comen desde tacos de canasta hasta chicharrones con harta salsa y limón. Un ligero aroma a elotes asados. Puestos de dulces, galletas, cacahuates y refrescos. Unos aprovechan la ocasión y ofertan bolsas de papas entre los asistentes. Más souvenirs.

Observo cuidadosa a mi alrededor. No hay clases sociales. No hay géneros. No hay religiones. Aún entre las prendas de marca o una desaliñada apariencia, no hay distinción. Todos vienen por una causa común. Ni las barreras de la fronteras son un impedimento. Un par de muchachas extranjeras ubicadas sobre la banqueta portan una cartulina: "Venezuela y México no queremos más violencia".

El Caballito mira sorprendido. Acostumbrado está, a manifestaciones populares. Pero creo que jamás imaginó encontrarse con esta cantidad de asistentes. Y mas aún por su orden y buen comportamiento. De pronto se me cruzan de imprevisto un grupito de participantes. Me sacan de concentración. Con celular en mano buscan tomar un par de fotos. Manuel Landeta y su hijo Imanol están parados en la esquina del Sheraton Centro Histórico. Los ojos del joven actor tienen un velo de tristeza. Una mirada melancólica que evoca el recuerdo de Fernando Marti.

Av. Juárez se da abasto ante la cantidad de participantes. No así la calle de Madero. Muchos optamos mejor por caminar sobre 5 de mayo. Después me enteraría que también habría contigentes que ingresarían por 16 de septiembre y 20 de noviembre. La vida en el Centro Histórico continúa. Hay quienes miran indiferentes a la concentración. Percibo un grupo más de turistas. Dos universitarios anglosajones se unen al contingente. Con video cámara en mano contemplan extasiados el momento. Una joven pareja ha traido a su pequeño bebé de meses. La mujer empuja la carreola, mientras su marido carga en hombros a un chiquito que enfundado en un abriguito de borrego blanco, sonríe ante un globito que trae en su mano.

Un voluntario indica a la gente hacia donde dirigirse en la plancha del Zócalo, el cual parece ser rellenado por cuartos en cada zona. Encontramos un lugar a un costado de una de las ambulancias. En una zona estratégica. Son las 19:00 horas. Aún falta tiempo para interpretar el himno y encender las velas. Pero la desesperación ya se percibe en algunos. Y se incrementa conforme las manecillas avanzan. De pronto, alguien comienza a gritar "Ambulancia, paramédico". Las voces se incrementan. Mejor los reporteros gráficos que están ubicados sobre una plataforma al lado del vehículo han respondido al llamado. Uno de ellos le hace señales al paramédico de la ambulancia del gobierno capitalino para que reaccione. Nada. Nuevamente las voces de "Ambulancia, paramédico". Los minutos pasan. Un regordete oficial ingresa a la plancha un tanto apático. La gente lo guia hacia el sitio del percance. Muchos curiosos lo siguen. Después, otra vez el público abre paso. Un grupo acompaña a la mujer que al parecer sentía un dolor en el pecho. Nada grave. Por fortuna.

Hay muchos desesperados. Muchos comienzan a irse, principalmente los del centro del contingente. Un marido le insiste a su mujer para que ya se vayan porque él ya cumplió. Ella le insiste que no, que se irán hasta que ella cante el Himno Nacional. Se ubican mejor en las orillas. Un chico se levanta sobre los hombros de uno de sus amigos para dar los pormenores de lo que pasa alrededor nuestro.

"Está hasta su madre, wy"

Ilumina mi libertad: Desde la narrativa en una crónica parte 2


***
Estoy sumergida entre las coberturas del Reforma, El Universal, Excelsior y El Centro.

Mi sofá-cama es un universo de letras y suplementos especiales. Todos comparten una imagen en común.
Evoco en la memoria, mientras bajo mi lengua de diluyen, cinco glóbulos de árnica.

*****

Poco falta para llegar a la glorieta de La Palma. Atrás se ha quedado la figura del Ángel quien comienza a ser testigo de una marcha única. Los helicópteros de varios medios inician cobertura. Son compañía constante en el recorrido, aún con ese cielo nublado que por momentos se torna amenazante, pero que en otros sonríe con un par de rayos de sol. A lo lejos alcanzo a distinguir como una parte del contingente exige la salida de alguien que estaba presente en la manifestación..."Fuera, fuera" a todo pulmón, contra la presencia de quien después me enteraría que era Manuel Mondragón.

A un lado mío, desfilan varios globos e impermeables con el nombre de "Hugo Wallace". Una de las víctimas más recordadas y por la que más se ha clamado justicia. Flores, bandanas, pañoletas blancas y hasta banderas de México. Los ambulantes prosiguen con su vendimia. Chicles, cigarros, jugos de 3 por 10 pesos. Playeras con el logotipo de Iluminemos México o de México Unido contra la Delicuencia. Hasta una señora que habilmente, con todo y escaparate de rosarios se escapó de su iglesia para vender veladoras, ante la gran oportunidad de compra.

Sobre la banqueta de Reforma, una cabina de You Tube. Un par de chicas emo juguetean entre sí. Algunos curiosos, entre ellos extranjeros, no pierden detalle y graban o fotografían con celulares los momentos de este hecho sin precedentes. Muchas cámaras. Profesionales y caseras. Reporteros gráficos, camarógrafos, micrófonos con el logotipo de televisoras, radios y medios varios. Unos ubicados en módulos especiales, estratégicamente colocados en lo alto para captar los mejores momentos. Otros al lado de la marcha, para captar impresiones. Ante su presencia, no faltan aquellos que hacen lo posible por salir a cuadro.

Otros caminan en compañía de sus mascotas. Letreros y playeras blancas complemente la presencia de los caninos amigos. Un schnauzer pimienta ya se nota inquieto. Pobre. Parece ser que está acostumbrado a estos tumultos. Un poodle por el contrario, camina radiante al lado de sus dueños. Sobre su lomo porta una cartulina con una leyenda en la que reclama justicia ya que su familia ha sido víctima de la delincuencia.

Algunos se detienen a a esperar a familiares y amigos. Miro enfrente mío como una chiquilla de no más allá de ocho años se ha convertido en la modelo más querida de las lentes. Cada vez que se acercan a ella, levanta orgullosa una bandera en la clama paz, justicia y seguridad. Probablemente, el día de hoy su mamá compró cuantos periódicos existen en la capital, con la esperanza de ver a su pequeña inmortalizada en la historia.

Una breve llovizna empieza a resurgir. Pero al mismo tiempo, el viento emerge de la nada. Aleja las nubes. Los Dioses tienen clemencia de los manifestantes.

Caramba. Cómo se me antoja un cigarro.

Ilumina mi libertad: Desde la narrativa en una crónica parte 1

Miro la hora.
Ya es tarde.
Aunque el inicio de la marcha está programado a las 18:00 horas, mucha gente se ha organizado y entre sus planes estaba el ingresar a las inmediaciones de Paseo de la Reforma a las 16:00 horas. Yo apenas salgo de casa. Ha sido una mañana extraña. Entre mi desvelo y la resaca de una larga noche de juerga comienzo a reaccionar y comprender que voy a camino a un largo recorrido.
Mi acompañante original simplemente se hizo el desaparecido. Quizá fue de los muchos que vociferaba a pulmón que acudiría sin reparos, pero que en alma prefirió quedarse en la seguridad de su hogar. En ese lapso, me encuentro con voces que simplemente me cuestionan el porqué voy a eso. Que no tiene sentido. Que será una pérdida de tiempo.

Consigo alguien más que se una en esta aventura conmigo. Alguien que aunque conoce la logística en el Zócalo no conoce el movimiento en manifestaciones sociales de tal magnitud. No me arrepiento de la compañía, por el contrario, siempre es agradable que alguien comparta tus inquietudes. Pero sospecho no me será tan fácil el movimiento como quisiera. No importa. Ya encontraré la manera de darle una buena cobertura a este hecho, a la par que comparto mi descontento con el resto del D.F.

Son casi las 5 de la tarde. Justo a tiempo encontramos un estacionamiento en la Colonia Roma. Y es que de súbito se suelta una lluvia fuerte. Quedamos refugiados en una tienda departamental. Así como llegó esa indiscreta manifestación climática, así se retira. Como si quisiera tan sólo amenazar, pero al mirar desde el cielo, las nubes se compadecen de todas las almas que desde diferentes rumbos buscan congregarse en el Ángel de la Independencia.
Comenzamos a caminar. Poco a poco encontramos más compañeros de prendas blancas. "Los blanquitos" como comenzamos a llamarnos.

A lo lejos, escoltado por árboles húmedos y miles de personas, está el Ángel de la Independencia. Tiene lista su luz, por lo que en silencio nos mira desde las alturas. Nos sonríe a discreción, mientras un mundo de blanquecinas pinceladas prepara cartas, mantas, globos, pulseras y detalles con los que buscan demostrar su molestia. Sin que una voz exclame algo, iniciamos el recorrido. 17:45 horas. Un poco adelantado a la idea original, pero es que simplemente aquella glorieta ya no se daba abasto. Al comenzar nuestra caminata con veladora en mano, una señora se nos acerca: "tomen, les regalos estas pulseras". Unos pequeños trozos de tela blanca y verde con la leyenda "Condenamos la violencia. ¡YA BASTA!".

En contraste los vendedores ambulantes se convierten en las estrellas de la mercadotecnia:
"Lleve la playera conmemorativa del evento. Para que vean que si vino"
"De a 5 los angelitos de la paz"
"Capas de 10 pesos, no se moje"
"Banderas blancas, lleve su bandera blanca para que se manifieste en contra de la violencia"

Ilumina mi libertad: Desde la visión de una lente






Desde la visión de una lente:
30 de agosto de 2008
Recorrido desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo Capitalino

Ilumina mi libertad: Prefacio

No hubo silencio, por el contrario miles de voces se conjugaron al unísono.
Estuve presente en la historia. La necesidad de ser escuchada como ciudadana, así como la vocación de darle cobertura a un hecho de esta magnitud, fueron la adrenalina que me impulsó a estar presente en la Marcha de Iluminemos México...
En un par de horas más, en este blog encontrarán mis estimad@s lectores, mi visión y mi versión de este pedacito de historia.
Yo estuve ahi, ¿y tú?